Terapia es diálogo y acción

 

 

20140615DialogoAccion

Marta empezó terapia hace unas semanas. Hace tres meses discutió con su grupo habitual de amigos y desde entonces se ha distanciado de ellos. Actualmente solo sale de casa para ir a la universidad y siente que cada vez está más triste. Habla con su terapeuta acerca de lo que ha pasado con sus amigos y su forma de relacionarse en general con las personas a su alrededor. Dice que siempre ha intentado ser “una buena amiga” mostrándose disponible para cualquier plan o para hacer cualquier favor. A menudo ha sentido que los demás no se comportaban de la misma forma con ella y eso la enoja, cree que los demás no la toman en serio y que “intentan tomarme el pelo todo lo que pueden”. Marta sigue hablando acerca de lo que le ocurre hasta que su terapeuta la interrumpe:

  • Dame tus gafas.

Marta se quita las gafas inmediatamente y se las da.

  • ¿Estás cómoda sin las gafas?

  • La verdad es que no… Te veo bastante borrosa.

  • ¿Querías darme las gafas?

  • Ni siquiera lo he pensado.

Marta se da cuenta de que parece que tiene dificultades para tomar consciencia de su deseo. Ya no se trata tanto de lo que los demás hacen con ella sino de una dificultad para tomar consciencia de lo que quiere y poner límites.

El caso que describo muestra un experimento conductual, es decir un intento creativo del terapeuta por hacer explícito en el aquí y ahora de la sesión el conflicto que describe su paciente. Estos experimentos sirven para que el paciente experimente y ponga consciencia en lo que le sucede. Ahora imaginad el caso de una forma distinta: la terapeuta no interviene de forma alguna y permite que Marta divague acerca de su problema. ¿Creéis que habría cambiado algo? ¿Marta habría llegado a las mismas conclusiones?

Sin lugar a dudas una sesión de terapia es un diálogo en el sentido de que primordialmente es una conversación entre dos personas que intercambian información. Pero un diálogo productivo es más que un intercambio de información, genera significados compartidos que cambian a las personas que participan de la relación. Sin embargo, muchas veces las personas llamamos diálogo a algo que es simplemente hablar acerca de las cosas. Cuando la terapeuta le pide a Marta que le dé las gafas, la coloca en una situación propicia para que ella pueda vivir conscientemente su dificultad. Existe una diferencia entre hablar acerca de algo y vivenciarlo. Hablar acerca de las cosas es la mejor manera de evitar el cambio. Divagar acerca de un tema es pretender estar haciendo algo sobre eso, pero no es más que una simulación de la acción, un “como sí” que nos permite mantenernos inmóviles. Aunque esta ilusión de estar haciendo algo sostiene el trabajo de muchos terapeutas, considero que la terapia debería ir más allá. Desde mi punto de vista, los terapeutas debemos llevar los temas al aquí y ahora de la sesión para que el paciente pueda experimentar en el presente y reelaborar los asuntos que le han llevado a terapia.

Marta empezó terapia hace unas semanas. Hace tres meses discutió con su grupo habitual de amigos y desde entonces se ha distanciado de ellos. Actualmente solo sale de casa para ir a la universidad y siente que cada vez está más triste. Habla con su terapeuta acerca de lo que ha pasado con sus amigos y su forma de relacionarse en general con las personas a su alrededor. Dice que siempre ha intentado ser “una buena amiga” mostrándose disponible para cualquier plan o para hacer cualquier favor. A menudo ha sentido que los demás no se comportaban de la misma forma con ella y eso la enoja, cree que los demás no la toman en serio y que “intentan tomarme el pelo todo lo que pueden”. Marta sigue hablando acerca de lo que le ocurre hasta que su terapeuta la interrumpe:

  • Dame tus gafas.

Marta se quita las gafas inmediatamente y se las da.

  • ¿Estás cómoda sin las gafas?

  • La verdad es que no… Te veo bastante borrosa.

  • ¿Querías darme las gafas?

  • Ni siquiera lo he pensado.

Marta se da cuenta de que parece que tiene dificultades para tomar consciencia de su deseo. Ya no se trata tanto de lo que los demás hacen con ella sino de una dificultad para tomar consciencia de lo que quiere y poner límites.

El caso que describo muestra un experimento conductual, es decir un intento creativo del terapeuta por hacer explícito en el aquí y ahora de la sesión el conflicto que describe su paciente. Estos experimentos sirven para que el paciente experimente y ponga consciencia en lo que le sucede. Ahora imaginad el caso de una forma distinta: la terapeuta no interviene de forma alguna y permite que Marta divague acerca de su problema. ¿Creéis que habría cambiado algo? ¿Marta habría llegado a las mismas conclusiones?

Sin lugar a dudas una sesión de terapia es un diálogo en el sentido de que primordialmente es una conversación entre dos personas que intercambian información. Pero un diálogo productivo es más que un intercambio de información, genera significados compartidos que cambian a las personas que participan de la relación. Sin embargo, muchas veces las personas llamamos diálogo a algo que es simplemente hablar acerca de las cosas. Cuando la terapeuta le pide a Marta que le dé las gafas, la coloca en una situación propicia para que ella pueda vivir conscientemente su dificultad. Existe una diferencia entre hablar acerca de algo y vivenciarlo. Hablar acerca de las cosas es la mejor manera de evitar el cambio. Divagar acerca de un tema es pretender estar haciendo algo sobre eso, pero no es más que una simulación de la acción, un “como sí” que nos permite mantenernos inmóviles. Aunque esta ilusión de estar haciendo algo sostiene el trabajo de muchos terapeutas, considero que la terapia debería ir más allá. Desde mi punto de vista, los terapeutas debemos llevar los temas al aquí y ahora de la sesión para que el paciente pueda experimentar en el presente y reelaborar los asuntos que le han llevado a terapia.

Marta empezó terapia hace unas semanas. Hace tres meses discutió con su grupo habitual de amigos y desde entonces se ha distanciado de ellos. Actualmente solo sale de casa para ir a la universidad y siente que cada vez está más triste. Habla con su terapeuta acerca de lo que ha pasado con sus amigos y su forma de relacionarse en general con las personas a su alrededor. Dice que siempre ha intentado ser “una buena amiga” mostrándose disponible para cualquier plan o para hacer cualquier favor. A menudo ha sentido que los demás no se comportaban de la misma forma con ella y eso la enoja, cree que los demás no la toman en serio y que “intentan tomarme el pelo todo lo que pueden”. Marta sigue hablando acerca de lo que le ocurre hasta que su terapeuta la interrumpe:

  • Dame tus gafas.

Marta se quita las gafas inmediatamente y se las da.

  • ¿Estás cómoda sin las gafas?

  • La verdad es que no… Te veo bastante borrosa.

  • ¿Querías darme las gafas?

  • Ni siquiera lo he pensado.

Marta se da cuenta de que parece que tiene dificultades para tomar consciencia de su deseo. Ya no se trata tanto de lo que los demás hacen con ella sino de una dificultad para tomar consciencia de lo que quiere y poner límites.

El caso que describo muestra un experimento conductual, es decir un intento creativo del terapeuta por hacer explícito en el aquí y ahora de la sesión el conflicto que describe su paciente. Estos experimentos sirven para que el paciente experimente y ponga consciencia en lo que le sucede. Ahora imaginad el caso de una forma distinta: la terapeuta no interviene de forma alguna y permite que Marta divague acerca de su problema. ¿Creéis que habría cambiado algo? ¿Marta habría llegado a las mismas conclusiones?

Sin lugar a dudas una sesión de terapia es un diálogo en el sentido de que primordialmente es una conversación entre dos personas que intercambian información. Pero un diálogo productivo es más que un intercambio de información, genera significados compartidos que cambian a las personas que participan de la relación. Sin embargo, muchas veces las personas llamamos diálogo a algo que es simplemente hablar acerca de las cosas. Cuando la terapeuta le pide a Marta que le dé las gafas, la coloca en una situación propicia para que ella pueda vivir conscientemente su dificultad. Existe una diferencia entre hablar acerca de algo y vivenciarlo. Hablar acerca de las cosas es la mejor manera de evitar el cambio. Divagar acerca de un tema es pretender estar haciendo algo sobre eso, pero no es más que una simulación de la acción, un “como sí” que nos permite mantenernos inmóviles. Aunque esta ilusión de estar haciendo algo sostiene el trabajo de muchos terapeutas, considero que la terapia debería ir más allá. Desde mi punto de vista, los terapeutas debemos llevar los temas al aquí y ahora de la sesión para que el paciente pueda experimentar en el presente y reelaborar los asuntos que le han llevado a terapia.

Etiquetado con: ,
Un comentario en “Terapia es diálogo y acción
  1. Irma Santos Rosas dice:

    Muy esclarecedor este ejemplo. Estoy de acuerdo en que la terapia es un diálogo productivo. Soy logoterapeuta y me gusta que la persona entre en contacto con su sentimiento y emociones para llegar a conocerse más. Muchas gracias a psicoterapia cotidiana. Hasta pronto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*