Sueños que ayudan a vivir

 

Sueños y terapia gestalt

Somos del mismo material del que se tejen los sueños, 
nuestra pequeña vida está rodeada de sueños.

Shakespeare

Llega la noche y, al quedarnos profundamente dormidos, nos sumergimos en una intensa actividad, la de soñar. Despertamos con un puñado de imágenes difuminadas y una sensación de irrealidad nos invade el cuerpo. Otras veces nos encontramos en la almohada el regalo de una historia digna del mejor cine de ciencia ficción. Sea cual sea nuestra capacidad de acordarnos de los sueños (porque todos soñamos, varias veces por noche además), el lenguaje con el que nos hablan, su trama o desenlace, lo que todos tienen en común es que vienen cargados de emociones, que a menudo incluso nos acompañan durante todo el día, tiñendo con su tono la realidad diurna.

El término griego para referirse a los sueños, ὕπνος, comparte la raíz con la palabra hipnosis Esto es un reflejo del peculiar estado de conciencia que caracteriza la vida onírica, en que se despliega libremente un mundo rico de significados y extremadamente fascinante, porque está desligado de nuestra producción más consciente y en contacto directo con nuestro yo más íntimo. Desde el episodio bíblico de los sueños del faraón, que el patriarca José desentrañaba para revelar el futuro de Egipto, a la interpretación de los sueños de Sigmund Freud han pasado muchos siglos, distintas maneras de tratar el material onírico y hasta finalidades diferentes por las que acercarse a éste, no obstante el ser humano siempre ha intentado atribuir un sentido a una parte de sí mismo que, en cierta medida, parece que se le escape, por no estar sujeta a las reglas básicas de su mente racional.

En la terapia, y más concretamente desde el enfoque gestáltico, podemos trabajar los sueños para ayudar a la persona a poner conciencia en lo que su mente produce como expresión genuina de su situación vital actual. Sin el control que habitualmente filtra nuestra experiencia de la realidad, tenemos acceso al núcleo de las vivencias, las comprendemos y nos comprendemos. Al cerrar los ojos, nos damos permiso para dejar aflorar deseos, conflictos y necesidades que durante el día nos cuesta reconocer. Así los sueños se convierten en una vía para entender nuestras relaciones y visión del mundo, funcionando como un barómetro que nos indica cómo estamos viviendo. Un sueño con imágenes de serenidad en una época crítica de nuestra existencia puede, por ejemplo, recordarnos nuestra capacidad para la alegría, ocultada por las preocupaciones que nos ocupan la mente durante el día.

Otra aportación del mirar a través de esta ventana, es que podemos reapropiarnos de partes rechazada de nosotros mismos, que ahogamos porque no son socialmente deseables y que, una vez recuperadas, nos permiten ser individuos más enteros y plenos. Sin racionalizaciones ni justificaciones, aparecemos tal y como somos, liberándonos de automatismos e imposturas.

Así mismo, hay sueños, que casi nos gritan, viniendo bajo la forma de pesadillas. Nos sacuden, mostrándonos lo que en la vida no sabemos gestionar y por eso dejamos atrás, dejando que se remueva en el profundo de nuestro ser, pero sin concederle espacio. Dedicarle atención, permitir que el conflicto se haga explícito, hace que la lucha pierda virulencia y se evapore.

Los sueños hablan con nuestra voz interior y nos piden que escuchemos aquello a lo que hemos hecho oídos sordos pero que nuestro cuerpo sabe y expresa con toda claridad. Hay veces que nos da tanto miedo entender este lenguaje, responder a nuestras propias demandas, que el mismo sueño se repite una y otra vez, hasta que por fin, haciéndole caso, arrojamos luz sobre lo que realmente nos mueve por dentro.

No es real lo que ocurre por las noches, pero sí trata de nuestra realidad, del material del que estamos hechos, parafraseando a Shakespeare, de lo que nos define a cada uno de nosotros. Por eso es tan importante recuperar estos mensajes, que nosotros mismos nos enviamos, como algo que nos corresponde y que, en cambio, tenemos tendencia a enajenar, a atribuir a algo fuera de nosotros.

¿Quieres aprender a escuchar la voz de tus sueños? Apúntate a nuestro taller de Sueños y terapia Gestalt

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