Psicopatologización de la vida cotidiana

 

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Psicoterapia, gestalt, psicopatologización, diagnóstico

 

La enfermedad mental no es una entidad natural de la misma forma en que sí lo son el resto de enfermedades. Cuando hablamos de depresión mayor o de trastorno de ansiedad social como enfermedades no estamos hablando de lo mismo que si hablamos de gripe o sarampión,  porque la gripe o el sarampión tienen una causa  física conocida y empíricamente contrastada. En cambio el diagnóstico de las enfermedades mentales es siempre relativo, los profesionales diagnostican en base a criterios de manuales diagnóstico que cambian periódicamente. En este sentido, podemos decir  que las enfermedades mentales son entidades construidas, es decir que el diagnóstico de una determinada enfermedad es susceptible de modificarse en función de variables culturales e históricas. De esta forma podemos entender que actualmente el diagnóstico de neurosis histérica haya caído en desuso y en cambio la prevalencia de la depresión o del trastorno de déficit de atención e hiperactividad se multipliquen año tras año.

Sin embargo, el discurso psiquiátrico y psicológico tradicional se sostiene sobre la falacia de que las enfermedades mentales son entidades naturales. Este discurso se construye de la siguiente forma:

  1. El paciente acude a un profesional con un síntoma que le provoca sufrimiento, por ejemplo ansiedad.
  2. En función de las características de ese síntoma, el profesional encuadra el síntoma dentro de un determinado síndrome, por ejemplo trastorno de ansiedad social.
  3. El síndrome funciona como explicación del síntoma: ¿Por qué tengo ansiedad? Por qué padezco un trastorno de ansiedad social, de la misma forma que podría padecer cáncer o gripe.
  4. Existe una causa orgánica para la enfermedad que puede ser abordada mediante un fármaco.

En este caso, con toda probabilidad, el tratamiento farmacológico de elección para el trastorno de ansiedad social será la paroxetina. La paroxetina resuelve el síntoma enmendando un supuesto déficit de serotonina. El déficit de serotonina parece una explicación científica para la enfermedad, pero  realmente tiene la misma validez que argumentar que si la aspirina me cura el dolor de cabeza, entonces mi dolor de cabeza se debe a la falta de aspirina. La psiquiatría biologicista trabaja desde una perspectiva enfocada al síntoma que termina convirtiéndose en una perspectiva enfocada al fármaco: cuando el fármaco funciona termina por confirmar el diagnóstico.

De la misma forma, el discurso de la psicología científica está construido imitando el modelo síntoma – tratamiento de la medicina. Este discurso que ha crecido  sobre la base de años de comparación y competencia con la psiquiatría para equiparar la efectividad de las terapias psicológicas con los fármacos ha dejado un legado de terapias psicológicas enfocadas al síntoma. En el caso del ejemplo, la terapia psicológica de elección sería muy probablemente  la exposición gradual a las situaciones que provocan la ansiedad.

Personalmente no tengo nada en contra de los fármacos ni de las terapias psicológicas enfocadas al síntoma. Es más, creo que son necesarios en algunos casos: Hoy en día la farmacoterapia es la única opción posible para el tratamiento inmediato de los episodios agudos de enfermedades mentales graves como esquizofrenia o trastorno bipolar.  En muchos sentidos no son una opción deseable por su  toxicidad, pero son la única posible para contener un riesgo mayor derivado de los síntomas de la propia enfermedad.  Por lo que respecta a las terapias psicológicas enfocadas el síntoma, la terapia de exposición es la opción más efectiva y segura contra síntomas de ansiedad.

En este artículo no estoy criticando a los profesionales que recetan o trabajan enfocados al síntoma, aliviar el sufrimiento de las personas que confían en nosotros es una parte importante de nuestro mandato profesional. Tampoco critico a las personas que teniendo otras opciones eligen tomar medicación, no siento que pueda decirle a nadie cuánto sufrimiento debe tolerar y por cuánto tiempo.

No obstante, sí que quiero indicar los motivos por los que pienso que trabajar únicamente enfocados al síntoma puede ser perjudicial para los profesionales, para los pacientes y para la sociedad:

1)     Considero que los profesionales corremos el riesgo de terminar tratando síntomas (ansiedad, depresión, etc.) sin prestar atención al contexto y la historia personal de la persona que los padece, manteniendo así intactas las condiciones que han generado el síntoma y negando así la posibilidad de un cambio más allá de éste.

2)      Podemos transmitir a nuestros pacientes una identificación con su síntoma.  Esta identificación con la enfermedad es cómoda para profesionales y para pacientes: los profesionales sienten que saben qué les pasa a sus pacientes, y tienen herramientas para tratarlo, y los pacientes se desresponsabilizan de lo que les pasa. El paciente que dice: “tengo una depresión” puede llegar a decirlo de la misma forma que diría “tengo  cáncer”, como una condición ajena a él mismo, como algo sobrevenido por su mala fortuna. Se pierde así la posibilidad de una toma de consciencia y responsabilidad sobre la propia vida que aunque pueda ser dolorosa también puede abrir un camino hacia una  vida más plena.

3)      Por último, a nivel social, en una sociedad mercantilizada y fóbica del dolor, donde existen tantos nichos de mercado para la industria farmacéutica como causas cotidianas de sufrimiento, corremos el riesgo de convertir en enfermedades cosas que no lo son y terminar psicopatologizando nuestra vida cotidiana.

 

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  1. […] visión certera acerca de cómo una visión centrada en la persona cambia el diagnóstico y pronóstico incluso en casos de transtorno mental […]

  2. […] ¿Cuáles son los riesgos de confundir depresión y tristeza? Cuando un clínico (uso esta palabra para referirme a la vez a psiquiatras y a psicólogos) le dice a alguien que está deprimido, lo está diagnosticando. Los diagnósticos son inicialmente más cómodos tanto para el clínico como para el paciente. El clínico cree que sabe lo que le pasa a la persona que tiene enfrente y la persona que ha venido buscando una explicación cree que por fin sabe que le ocurre. El riesgo es que los diagnósticos desresponsabilizan al paciente. Ya no se trata de su vida y su dolor, sino de algo que le ha sobrevenido. Una desgracia ajena a sí mismo, como un defecto congénito que no puede tratarse sino con medicación. ¿Significa eso que no crea en los diagnósticos en ningún caso? No, lo explico mejor en este post (http://psicoterapiacotidiana.com/psicopatologizacion-de-la-vida-cotidiana/) […]

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