Posesión y celos: “El delirio impotente del amor”

 

Posesión y celos

El miedo es siempre la contrapartida del amor. Me refiero al miedo a que la otra persona desaparezca de nuestra vida, a perderlo ya sea por la muerte o bien por el abandono o la traición. Estoy segura de que es imposible amar realmente a alguien sin mirar a los ojos a ese miedo, sin reconocerlo y aceptarlo. Aceptar el miedo que tenemos a perder al otro nos conecta con nuestra vulnerabilidad, y muchas personas sin ser conscientes de ese miedo terminan actuando de formas que son un reflejo de lo asustadas que están: quieren poseer a la otra persona, controlarla, saber en todo momento qué hace y dónde está, etc.

“El afán de posesión no es más que otra forma del deseo de durar; él es el que hace el delirio impotente del amor. Ningún ser, ni siquiera el más amado, y que mejor nos responda, está nunca en nuestra posesión. En la tierra cruel, donde los amantes mueren a veces separados, nacen siempre divididos, la posesión total de un ser, la comunión absoluta en el tiempo entero de la vida es una imposible exigencia. El afán de la posesión es hasta tal punto insaciable que puede sobrevivir al amor mismo. Amar, entonces, es esterilizar al amado. El vergonzoso sufrimiento del amante, en lo sucesivo solitario, no es tanto el no ser ya amado, cuanto el saber que el otro puede y debe amar aún. En el límite, todo hombre devorado por el deseo loco de durar y de poseer desea a los seres a los que ha amado la esterilidad o la muerte.” Albert Camus. El hombre rebelde

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  1. […] Quienes duermen de frente parece que están más cercanos. Pero, cuidado, porque esa postura puede indicar una necesidad de control, de vigilancia del otro, propia de las personas con problemas de celos. […]

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