Para qué te servirá hacer terapia: un ejemplo cotidiano

 

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Tu novia acaba de irse de viaje con unas amigas. Habéis quedado en hablar por teléfono un rato cada noche. Hoy te llama y cómo siempre te explica todo lo que ha hecho en todo el día. Parece realmente entusiasmada, se lo está pasando muy bien. En un momento de la conversación te dice que añoraba tener tanto tiempo para divertirse con ellas, que últimamente sentía que pasando tanto tiempo contigo se desconectaba de sus amistades y ahora esta recordando todo el cariño y la complicidad que comparten. En el momento en que escuchas esto, un sentimiento empieza a recorrerte el pecho y el estómago. Lo primero que ella te ha dicho al descolgar es que te echaba de menos, pero parece que eso ahora ya no importa. Sientes como si te hubieses tragado algo desagradable que no deja de moverse por tu pecho y tus entrañas. Ahora te cuesta prestarle atención y sólo escuchas parte de lo que te está diciendo “es cómo volver a estar soltera” comenta en tono gracioso. Es como si las palabras pasaran a través de ti y no pudieras darles ningún significado tranquilizador. Cada vez te sientes más alejado de la conversación, tu respiración se vuelve superficial y sientes como tu mandíbula y tu estómago se tensan. Ella en ningún momento se ha mostrado hostil, al contrario sigue hablando cálida y francamente contigo. Sin embargo, tu no puedes evitar sentirte rechazado y en consecuencia cada vez más encerrado en ti mismo, más triste y más solo.

En la conversación se hace un silencio que se hace larguísimo y tú luchas por sobreponerte, por intentar salir del pozo negro en que te has metido. Conoces bien esa sensación, has hecho terapia y sabes hasta que punto puedes ser sensible al sentimiento de abandono. En relaciones pasadas habías reaccionado de otra forma, simplemente te lo habrías tragado, no habrías dicho nada y ella habría ido notando algo cada vez más gélido y distanciado en ti. Con voz vacilante le dices que aunque te alegras mucho de que lo esté pasando bien, has pensado que quizás ella añoraba el periodo de su vida en que no estaba contigo y que te has sentido como si fueras una molestia para ella. Ella te escucha y te responde con cariño, dice que en absoluto eres una carga, que sólo siente que ha estado tan entusiasmada con vuestra relación que se ha olvidado de todo lo demás y que ahora está feliz de recordar que hay muchos otros aspectos valiosos para ella. Parece que eso te ayuda a relajarte, respiras con más facilidad y ya no te sientes aturdido. Termináis la conversación hablando de otras cosas y os despedís. Al cabo de diez minutos, ella llama para decirte que le ha puesto muy triste ver que te quedabas sin palabras y que quería asegurarse que estás bien. Respondes que sí, sintiéndote verdaderamente aliviado y la animas a salir esa noche a divertirse.

¿Qué ha pasado?

Tus emociones te han informado de cómo te sientes. Darte cuenta de que sientes que algo muy importante para ti (tu relación con tu novia) está en peligro te ayuda a poner atención en lo que te ocurre y ser capaz de gestionarlo. Si no hubieras podido poner consciencia en eso simplemente te habrías sentido angustiado y retraído sin ningún motivo.

Has podido expresar lo que te pasa. No has tratado de ignorar tus emociones ni te has limitado a esperar que tu pareja pueda entender que algo te ocurre por tu silencio y tus titubeos sino que has hablado abiertamente de tus sentimientos.

Te has hecho responsable de tus sentimientos. Diciéndole que a veces te da miedo ser una molestia para ella, pones en ti la responsabilidad de tus sentimientos. Acusarla de no tenerte en cuenta por ejemplo, sería una forma de hacerla responsable a ella de lo que te está pasando a ti.

El pensamiento ha puesto en perspectiva tus emociones y les ha dado sentido. Eres muy capaz de dar rápidamente sentido a tus emociones y ponerlas en perspectiva. Has hecho terapia y conoces muy bien esos sentimientos de abandono que te han acompañado desde siempre. Tu experiencia positiva en al relación con tu pareja (ella siempre te ha hecho sentir apreciado y valorado) y tu propio autoconocimiento te permiten entender y comunicar fácilmente tus emociones, valorar de nuevo esos sentimientos de rechazo y abandono y darte cuenta de que no son realistas. Si hubiese sido de otra forma es probable que hubieses puesto verdaderamente en peligro la relación con tu pareja respondiendo de forma automática desde la ira o sin poder ceder en tu retraimiento.

A través del trabajo terapéutico puedes conocer a fondo tus reacciones emocionales. Todos tenemos formas automáticas de reaccionar (ira, retraimiento, tristeza, etc.) que responden a la forma en que interpretamos una determinada situación (como desprecio, abandono, etc.) Hacer terapia significa aprender a reconocer estos patrones emocionales y las necesidades más profundas que esconden (necesidad de amor, de valoración, de autoafirmación) Implica permitirse sentir estas necesidades emocionales profundas y hacerse cargo de ellas. En última instancia, hacer terapia nos permite actuar en el mundo real, comunicar lo que verdaderamente necesitamos y en la medida de lo posible cambiar lo que no nos satisface.

 

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3 Comentarios en “Para qué te servirá hacer terapia: un ejemplo cotidiano
  1. Muriel Almeida dice:

    Me parece un ejemplo claro de situaciones actuales.
    Tambien para mi, e necesario enfrentar situaciones de incertidumbre, si em momentos nos angustiamos es importante ponerse em acto.
    A
    En algum momento de nuestras vidas sentimos que realmente estamos solos. Y es importante saber hacer con lo sabido.
    Eso es crecer y madurar.

  2. Pablo dice:

    Muy buena nota, al fin y al cabo nuestras emociones Son las que marcan nuestro camino

  3. Irene dice:

    Muy bueno para alentar aquellos que padecen sin entenderse. Me pareció amigable el hecho desde lo cotidiano.

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