Mindfulness cotidiano

20150302Mindfullness

Los seres humanos somos criaturas dotadas de lenguaje. Mediante el lenguaje podemos pensar acerca del pasado y realizar hipótesis acerca de acontecimientos futuros. Dicho de otra manera, el lenguaje nos permite alejarnos de lo inmediato. Ésta es una habilidad muy útil: si no pudiéramos aprender del pasado para predecir y controlar nuestro futuro probablemente nos habríamos extinguido. Sin embargo, también es una trampa que nos dificulta vivir verdaderamente en el presente.

Piensa en cómo ha ido el día desde que te has levantado: probablemente te has duchado, has desayunado y has cogido el coche o el transporte público hasta el trabajo. ¿Cuántas de estas cosas las has hecho con consciencia? ¿Cuántos pensamientos acerca de cosas del pasado o ideas acerca de lo que vas a hacer te han asaltado? Habitualmente vivimos tan absortos en el recuerdo del pasado y en la fantasía del futuro (en deseos, expectativas, juicios, quejas, etc.) que ni nos damos cuenta del momento presente.

A parte de tener lenguaje y una conciencia capaz de recordar el pasado y proyectarse en el futuro, disponemos de un tiempo de vida limitado. Si pasamos todo nuestro tiempo sin darnos cuenta del presente la vida se nos escapa, es así de simple. Es por eso que lo que en gestalt llamamos presencia y que ahora se ha puesto de moda con el término mindfulness es tan importante.

Cuando digo que la vida se nos escapa quiero decir que podemos vivir sin ser conscientes de qué nos está pasando, sin ser conscientes de lo obvio que sucede dentro y fuera de nuestro ser. En gestalt hablamos de las tres zonas de la consciencia: existe una zona interior (lo obvio dentro de nosotros), una zona exterior (lo obvio fuera de nosotros) y una zona de la fantasía (todos estos recuerdos, pensamientos, predicciones, expectativas, etc.) La mayoría de nosotros vivimos atrapados en esa zona de la fantasía: con pensamientos más depresivos cuando pensamos en el pasado (nostalgias, remordimientos, etc.) y más ansiosos cuando pensamos en el futuro (miedos, expectativas, etc.)

Es importante poder distinguir esa “zona de la fantasía” de aquello que es obvio (en el sentido de real, verificable, empírico) en mí y en el mundo. Lo que es obvio en mí es lo más puramente fisiológico: el pulso se me acelera y las manos me sudan cuando te veo. Lo que es obvio en el mundo es que las hojas de los árboles caen en el otoño o que tú tienes el ceño fruncido. Desde lo obvio puedo interpretar: puedo pensar que el corazón se me acelera porque me intimidas o porque estoy enamorado, puedo pensar que frunces el ceño por qué yo no te gusto. Ciertas o no, estas aseveraciones son interpretaciones, una fantasía, un producto de mi mente que en el proceso de tratar de comprenderse y comprender el mundo se proyecta a sí misma en el mundo que la envuelve. Sin embargo, la mente nunca es un espejo que muestre un reflejo límpido de lo que es, siempre viene empañado con todos nuestros recuerdos dolorosos y alegres, con todos nuestros deseos y expectativas.

Dicho de una forma muy sencilla, lo que vemos no es lo que es, lo que vemos es lo que somos. Y sin embargo como en el mito de la caverna o en la “Maya” de la tradición hindú, vivimos confundiendo lo real con lo ilusorio, creemos vivir el presente cuando en realidad vivimos confundidos en las cavilaciones de nuestra mente. La buena noticia es que la capacidad de estar presente puede entrenarse ya sea a través de la meditación, el mindfulness o ejercicios que se practican en terapia gestalt como el continuo de conciencia. La práctica nos permite ir siendo progresivamente más capaces de mantenernos en el presente y observar nuestra mente sin identificarnos y dejarnos arrastrar por nuestros pensamientos.

Para terminar os dejo un ejercicio sencillo que os permitirá estar más presentes:

El objetivo consiste en enfocar toda la atención en tu respiración durante un minuto. Busca una postura cómoda, céntrate en el sonido, el ritmo de la respiración y en la sensación del aire entrando por la nariz más frío y saliendo más caliente. Al poco tiempo tu mente empezará a deambular, simplemente toma nota de tus pensamientos y déjalos pasar para concentrarte de nuevo en tu respiración. Puedes repetirlo las veces que quieras o intentar sostener el ejercicio más tiempo. Si consigues mantener el hábito de practicar este ejercicio a menudo habrás dado un paso muy importante para vivir tu vida de forma más presente y más serena.

Etiquetado con: ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*