Maternidad consciente: ¿El sacrificio de la maternidad?

20141111Madre

La mujer que se definía a si misma y se completaba única y exclusivamente con su rol de madre ha pasado a la historia. La “mujer, mujer” es ahora un producto de la nostalgia del pasado y una fantasía presente sólo en la mente de algunos conservadores. Sin embargo, muchas mujeres actuales seguimos presas de las exigencias de ese rol.

Una madre no es solamente una madre, no es sólo la maternidad lo que la define como mujer ni como persona. Siendo madres y amando nuestra maternidad, también somos mujeres con un cuerpo y con una sexualidad, somos las amantes y las compañeras de alguien, somos amigas, somos profesionales que buscan realizarse y crecer, y muchas otras cosas más.

Sin embargo, ser madre lo cambia todo. Cuando una mujer decide ser madre, la maternidad cae como un meteorito sobre todos los otros aspectos de su vida, parece que todo lo que éramos, todas las cosas con las que nos identificábamos y que nos hacían disfrutar de la vida de repente pierden tanta importancia que es como si se desvanecieran ante nuestros ojos. Esto es así, y al menos durante un tiempo debe ser así, deseamos que sea así. Lo deseamos porque hemos elegido ser madres, y durante los primeros meses el ejercicio de nuestra maternidad es algo tan exigente y tan apremiante que ni podemos ni queremos hacer nada más. A pesar de eso, la persona que éramos (la amante, la amiga, la profesional, etc.) sigue allí esperándonos entre bambalinas y llega un día que nos reclama. Nosotras a diferencia de muchas de nuestras abuelas y nuestras madres que se abandonaban a sí mismas en la maternidad, sí podemos escucharla.

¿Qué es lo que sucede entonces? Aunque muchas de nosotras hayamos renunciado conscientemente a esa imagen tradicional de la maternidad en que la mujer debe olvidarse de sí misma para criar a los hijos, esta idea sigue afectándonos. Nos afecta con la culpa que sentimos cada vez que salimos de casa para hacer algo diferente, algo nuestro. Tradicionalmente, todo lo concerniente a la maternidad es para la mujer un deber, algo consustancial a su naturaleza de mujer. Para nosotras, ser madre es algo que nos define mientras que para muchos hombres la tradición cultural marca que la paternidad es sólo una línea más en el currículum de su vida. Es por ese motivo que muchas mujeres que escuchan la voz de su vocación, de su vida, de su sexualidad o de su relación de pareja llamándolas cada vez más fuerte, no pueden evitar sentirse culpables a cada paso. Cómo si todo lo que hicieran más allá del cuidado de los hijos las hiciera peores madres. La realidad es que como siempre la salud está en el equilibrio y que el equilibrio es algo subjetivo y no tiene porqué coincidir con el mandato social. Hablando desde mi propia experiencia, si hubiese podido, yo habría elegido permanecer unos meses más de baja de maternidad, pasar la mayor parte de tiempo con mis hijos y encontrar espacios pequeños pero regulares para dedicarlos a la psicología, a mis amistades o a mi pareja. Sin embargo he tenido pacientes que se han deprimido el tiempo que han estado de baja y que han podido recuperar el equilibrio y convertirse en personas mejores para sí mismas y para sus hijos sólo en el momento de reincorporarse al trabajo. ¿Eso las hace peores madres? No, simplemente las hace personas distintas de mí o de otras madres que quizás elijan dedicarse por completo a la maternidad. Para poderse sentir bien con ellas mismas y ser mejores para sus hijos, estas mujeres han necesitado aprender a ignorar el mandato cultural que la maternidad y sólo la maternidad es lo que realiza a las mujeres.

Tal como decía al principio, ser madre lo cambia todo. A parte de la alegría y del amor a los que tanto pábulo se da culturalmente existe un duelo en la maternidad, pero es un duelo negado. Por todas las cosas que serán distintas a partir del momento que nazcan tus hijos. Por tu cuerpo que aunque pueda seguir gustándote y disfrutando de él después de parir difícilmente será ya exactamente el mismo que era antes, por tu relación de pareja porque aunque puedas seguir queriéndoos mucho ya nunca más estaréis solos, por el tiempo que antes dedicabas a tus amistades o a tu profesión que en muchas ocasiones pasarán a un segundo plano. Ese duelo apenas está presente en el discurso social acerca de la maternidad y como consecuencia de eso muchas mujeres pierden la oportunidad de decidir ser madres de una forma verdaderamente consciente. Es importante matizar que cuando hablo de duelo, hablo de cambio, no de sacrificio o renuncia. Creo que precisamente elaborar ese duelo por todas las cosas que cambian es lo que puede permitir a muchas mujeres dejar de ver la maternidad como un sacrificio y empezar a verla como una elección como todas las demás: algo que las mujeres podemos o no desear. Y como todas las elecciones implica perder muchas cosas para ganar otras muchas.

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Un comentario en “Maternidad consciente: ¿El sacrificio de la maternidad?
  1. OSCAR RAFAEL REYES BARAHONA dice:

    La nueva generación de madres, que llamaríamos las madres del milenio, enfrentan estilos de vida diferentes al de sus bisabuelas y abuelas que vivieron epocas menos exigentes.

    Actuamente una mujer debe desear tener un hijo para disfrutar su maternidad, de lo contrario será infeliz.

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