La voz a ti debida y la voz restituida

20141208Voz

¿Te has preguntado alguna vez cómo suena tu voz? Más allá de los juicios estéticos, porque está claro que no todos nacemos dotados del don de las sirenas, es interesante poner atención en algo que, por lo general, damos por descontado. Nuestro propio sonido nos pertenece y nos identifica igual que el nombre, las facciones, nuestra manera de ser, aun así solemos tratarlo como algo que apenas va con nosotros, que tranquilamente se puede pasar por alto. ¿Qué fuerza pueden tener unas palabras que parece que nos queramos quitar de encima tan rápido como salen de nuestra boca? Descubrir tu voz es ir al encuentro contigo, con ese aliento vital que te mueve por dentro, con el son al compás del que danzan tus emociones. En mi opinión, merece la pena dedicarle algo de pensamiento consciente.

La consideración más obvia, tan obvia que es la primera que obviamos, es que la voz está relacionada con la respiración y ésta con la vida; sin una tampoco existe la otra. Chillar, susurrar, cantar una canción son el síntoma de que estamos vivos y el tono que demos a este flujo va acorde con la emoción que estemos experimentando. Cuando el sonido exterior sigue la onda de lo que ocurre en el interior, sólo se puede dar armonía, sea cual sea tu música, y la armonía es belleza de por sí.

Lo que expresamos con la voz también está relacionado con nuestras creencias y los mandatos familiares. Hay una serie de normas no escritas en base a las que orientamos nuestro comportamiento y no todas ellas están siempre en coherencia con la persona que somos. Tal vez de pequeño te decían que no estaba bien gritar o igual crees que a las personas fuertes y adultas no les tiembla la voz, y lo último que harías en esa charla que tienes que dar en el trabajo es enseñar a los presentes lo complicado que te resulta mantenerte firme y mostrarte seguro. Puede ser un experimento revelador, de vez en cuando, dejar salir la voz tal y como la oyes por dentro, permitirle que te defina en ese momento, así como estás. Es interesante aprender a discernir lo que es equipaje de lo que simplemente es carga.

Sin rechazar por completo lo que hemos asimilado sobre cómo modularnos, tan sólo escuchándonos un rato sabremos cómo girar el pomo para experimentarnos en otra sintonía. Cuando empezamos a expresar la verdad de nuestra voz, ésta sale cristalina. Puede que no merezca la ovación del público, pero en el momento en que nos identificamos con ella y nos vuelve a pertenecer, también podemos sostener esa verdad que declama.

Para decirlo de otra manera, la voz está condicionada por lo que creemos permitido y lo que no lo está, según los límites que haya trazado nuestro aprendizaje. Nunca es tarde para desafiar lo conocido y ejercitarnos en la destreza de recuperar el color de nuestra propia voz. La comunicación recobra potencia, las emociones frágiles su delicadeza o la alegría su característico tintinear. Cada uno vuelve a habitar su sonido y éste se convierte en brújula fiable de su estado.

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4 Comentarios en “La voz a ti debida y la voz restituida
  1. Mª Angeles Marín Martín dice:

    Enhorabuena por el post, me ha resultado muy interesante el tema elegido.

    Un saludo

  2. Hola me da gusto saludarlos por este medio gracias por estas publicaciones son de gran ayuda felicidades les envió un abrazo

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