La escucha desde otro lugar

20140209LaEscucha

psicoterapia, escucha, emociones, gestalt

 

Intuitivamente es fácil saber a qué me refiero cuando hablo de escucha, también queda claro que existe cierta diferencia entre oír y escuchar. Incluso hay gente que afirma saberlo hacer muy bien. Pese a ello, muchos hemos tenido la experiencia de no sentirnos escuchados o no haberlo hecho en alguna que otra ocasión.

Según el diccionario de la RAE, escuchar es“prestar atención a lo que se oye”, o también “aplicar el oído para oír algo”.Todo entonces parece resumirse a un par de buenas orejas y la disposición atencional en modo on. ¿O no?

Cuando tengo delante a una persona que me está expresando un mensaje, ésta me ofrece muchas más fuentes de información que no se limitan simplemente a las palabras. El otro tiene un cuerpo, con el que acompaña todo y cada uno de los estímulos auditivos que recibo. Este código se compone de gestos, tonos de voz, expresiones de la cara, hasta la distancia que interpone conmigo y la postura son parte de la comunicación.

Sobre lenguaje no verbal se ha escrito mucho, y aquí ni quiero ni puedo añadir algo nuevo, sólo me interesa recordar que tenemos a nuestra disposición otros sentidos, más allá del oído, con los que podemos enriquecer la información que se nos proporciona; ¡se tratará de afinarlos!

Sin embargo, hablando de atención, sería oportuno que el receptor no olvidara dirigirla también hacia si mismo. Más concretamente, aludo a la escucha interna, entendiendo con eso la capacidad de poner conciencia en lo que ocurre en mi interior cuando escucho al otro. Si escuchamos también a nuestras emociones no perdemos de vista a nuestro interlocutor, todo lo contrario, volvemos claridad lo que podrían ser interferencias que nos impediríanescuchar.

De hecho, en este proceso de escucha intervienen unos cuantos elementos “de nuestra propia cosecha”, que nada tienen que ver con la información que recibimos, pero que a ella se fusionan, y que, si los omitimos, podrían llevarnos a tergiversarla, o sencillamente a perderla. Estoy hablando de juicios, interpretaciones, prejuicios, experiencias pasadas, que nos permitenclasificar la realidad que estamos viviendo, reconocerla, darle un significado, y que sólo pueden perturbar nuestra visión si no nos percatamos de ellos, o si desperdiciamos todos nuestros recursos en el intento de quitárnoslos de encima.

Una escucha totalmente limpia de estos elementos es imposible; somos seres humanos y por definición entendemos el mundo de esta manera. Lo que sí es posible es ser consciente de ellos y para hacerlo necesitamos escuchar también lo que nos pasa. De esa manera, aprendemos a reconocer lo que nos pertenece, lo asumimos, y, lejos ya de distraernos, podemos pasar a otra cosa, la escucha auténtica del otro.

Si, en cambio, llevamos puestas las gafas de la interpretación y no nos enteramos, si seguimos tan desconectados de nosotros mismos que no podemos reconocer lo que estamos sintiendo en un momento dado, poca atención podremos prestar al que nos habla, por muy fino que tengamos el oído.

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