Introyectos: todo lo que aceptamos sin cuestionarnos

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Una chica en una discoteca ve a un chico que le gusta, está con unos metros más lejos hablando en la barra con unos amigos, lo mira y se da cuenta de que él también la está mirando. Sigue bailando, mucho más consciente de sí misma, sabe que quiere gustarle, quiere parecer sugerente… Vuelve a levantar la vista y su mirada se encuentra con la del chico, ella sonríe y él sonríe. Ella espera que él se acerque pero pasan unos minutos y no pasa nada, simplemente siguen intercambiándose miradas y sonrisas. Por su cabeza pasa la idea de ser ella quién se acerque sin embargo deshecha enseguida la idea. Piensa “Si yo le gustara debería ser él quién viniese” y con ese pretexto decide quedarse a la espera. Al final de la noche vuelve sola a casa sintiéndose decepcionada. No se da cuenta de que detrás de la decisión de no acercarse al chico se escondía una idea más profunda que por ejemplo podríamos formular como “las chicas no deben tomar la iniciativa” o “si te acercas tú, parecerás demasiado fácil o desesperada”

En la teoría de escuelas psicológicas como el psicoanálisis o la gestalt, ideas como esta son introyectos. Un introyecto es algo que literalmente, nos hemos tragado sin cuestionarnos. Son ideas que rigen nuestro comportamiento pero que no son originalmente nuestras. Me explico, si a la chica del ejemplo le preguntamos qué piensa acerca de que las mujeres tomen la iniciativa en las relaciones es probable que nos responda que le parece fantástico. Sin embargo, dirige su comportamiento en base a lo contrario de lo que piensa conscientemente y eso condiciona su bienestar. Los introyectos son ideas que proceden del entorno (del ambiente socio-cultural más cercano o en muchas ocasiones, más directamente de los padres) y que consciente o inconscientemente adoptamos como propias y que en la medida en que no son vividas como conscientemente externas a nosotros no pueden ser cuestionadas.

El ser humano se nutre de su entorno. Sin embargo, si tomamos la nutrición como una metáfora veremos que la comida es necesario digerirla. Cuando no digerimos apropiadamente la comida, es decir cuando tratamos de incorporarla a nuestro organismo sin haber separado adecuadamente los nutrientes, entonces la comida nos provoca una indigestión. Lo mismo sucede con las ideas que recibimos del entorno: “las chicas no deben tomar la iniciativa”, “si le dices que no, no le vas a gustar”, etc. Son ejemplos de introyectos que recibimos de nuestro entorno, y que si no somos capaces de digerir (de cuestionar) pueden hacernos daño.

¿Cómo surgen los introyectos?

A parte de nutrirse y depender del entorno, las personas también necesitan diferenciarse y reafirmarse ante el entorno. Esta necesidad de diferenciarse y reafirmarse ante el entorno aparece ya en la infancia temprana, alrededor de los dos años con la consabida fase del no. La educación de los niños es un proceso continuo de asimilación de ideas y valores del entorno. En función del margen que les demos a nuestros hijos para diferenciarse de esas ideas y valores nos estaremos comportando como padres introyectores o simplemente estaremos imponiendo los límites propios de la educación. Lo explico con un ejemplo: Cuando un niño pequeño empieza a tirar al suelo la comida que no quiere. Obviamente es necesario reprenderle y intentar enseñarle a no hacerlo (eso es educación) Pero también debo ser consciente de que tirar la comida al suelo es una forma de expresar su individualidad (no quiero comer) en el momento en que intento ir un paso más allá e imponerles el acto de comer estoy imponiendo una forma de introyecto (mi deseo o mis ideas pasan por encima de los suyos) Esto funciona así con cosas más sutiles, como por ejemplo, de niños pudimos entender que expresar desacuerdo es peligroso si nuestros padres dejaban de hablar cada vez que tenían puntos de vista diferentes o pudimos entender que el sexo era malo si nuestros padres cambiaban de canal cada vez que salía una pareja intimando en el televisor. No se trata de una imposición directa como en el caso de la comida, pero la introyección de ideas y valores se da igualmente. De niños absorbemos todo lo que vemos en nuestro entorno, y somos particularmente vulnerables a tragarnos cosas sin digerir porque aunque necesitamos diferenciarnos y ser respetados en nuestra afirmación personal, por encima de todo necesitamos ser queridos. En el momento en que de niños alguien nos trasladó la idea de que el afecto estaba condicionado a que encajásemos en un determinado patrón estaba invitándonos a ser menos nosotros mismos y a convertirnos en una persona diferente para poder encajar.

En el próximo artículo explicaré la función de los introyectos en la construcción de nuestra identidad y daré consejos prácticos para detectar y contrarrestar aquellos introyectos que resultan dañinos.

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3 Comentarios en “Introyectos: todo lo que aceptamos sin cuestionarnos
  1. hugo dice:

    lo que no se digiere y se asimila nos EMBOTA y nos cae mal a nuestro organismo…… cuestionar los introyectos es el antidoto para no indigestarnos !

  2. MARÍA ELENA CHACON TREJO dice:

    Excelente artículo… Muy bien explicado, gracias me gustó mucho. Ñ

3 Pings/Trackbacks para "Introyectos: todo lo que aceptamos sin cuestionarnos"
  1. […] nos somos conscientes de ellos las ideas preconcebidas o introyectos nos convierten en personas menos auténticas, libres y […]

  2. […] el artículo acerca de la introyección y las ideas preconcebidas  poníamos el ejemplo de la chica que estando en una discoteca ve a un chico que le gusta y no se […]

  3. […] muy difícil responsabilizarnos de nuestras emociones en la medida en que actuamos guiados por introyectos acerca de cómo deberíamos ser. Siguiendo el caso del primer artículo, un ejemplo de introyecto […]

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