Elogio del no cambio

20140930NoCambio

Algunas personas logran cambiar en un proceso de psicoterapia, sin embargo muchas personas no cambian o cambian muy poco después de años de terapia. ¿Qué es lo que sucede en estos casos?

Podemos pensar en ellos como un fracaso, nuestro o de nuestro paciente. Podemos revisar el caso y pensar en qué pudimos hacer mal o podemos decir que nuestro paciente se está resistiendo.

Cuando hablamos de “resistencias” estamos usando un concepto psicoanalítico que significa que una parte inconsciente de la mente del paciente intenta evitar que algunos temas se hagan conscientes con el tratamiento. Esta fuerza que se opone al tratamiento lo hace porque resulta doloroso o difícil para la persona aceptar algunas partes de sí mismo. Esta idea que en principio implica reconocer el dolor y la dificultad del cambio, también esconde un significado que no comparto. Una resistencia es algo que las personas debemos superar o vencer. Trabajando desde esa perspectiva los psicólogos corremos el riesgo de sentirnos como si golpeáramos con un ariete la puerta del castillo de nuestro cliente. Muy probablemente nuestro paciente se sentirá acosado y poco comprendido y nosotros terminaremos desesperándonos y enfadándonos porque nuestro paciente no actúa como queremos o como creemos que sería más adecuado.

La realidad es que muchas veces lo que percibimos como resistencia por parte del paciente tiene tanto más que ver con la expresión de nuestras necesidades neuróticas en la relación que con las suyas. A pesar de que apoyemos nuestro trabajo en muchas horas de terapia personal y supervisión los terapeutas no somos ángeles, nos pasan cosas y algunas de esas cosas no son bonitas. En ocasiones la resistencia puede ser una expresión del propio narcisismo profesional o puede ser ese rasgo de personalidad del paciente que no soportamos y que no conseguimos que se avenga a cambiar. Es importante darnos cuenta de cuando está sucediendo algo así para poder reconducir la relación terapéutica.

Entonces, ¿Por qué algunas personas se resisten a cambiar? En primer término, cambiar es doloroso, es arriesgado y da miedo. Cada vez que alguien acude a un terapeuta para cambiar algo que le causa sufrimiento esta es la ecuación que deberíamos tener presente: Grado de sufrimiento por seguir como hasta ahora – Grado de sufrimiento derivado del cambio = Posibilidad de cambio real. En segundo término, las costumbres son cómodas. Algo más que cómodas, son necesarias para la supervivencia. Obviamente la forma en que el paciente ha venido comportándose hasta ahora le ha sido útil, es más le ha permitido sobrellevar su vida hasta que se ha encontrado con nosotros. Por mucho que nos empeñemos y por mucho que le duelan los pies nadie tiraría unos zapatos que se le han quedado pequeños hasta encontrar algo nuevo con lo que calzarse.

No obstante, tener una comprensión compasiva acerca de lo difícil y lo doloroso que es cambiar no implica que los psicólogos nos quedemos de brazos cruzados. Hay que hacer algo con la resistencia. ¡Qué preposición tan importante! Cuando trabajamos CONTRA la resistencia, ésta se revuelve y se hace más grande. Los viejos hábitos, las viejas formas de comportarse no se resignan a ser aniquiladas tan fácilmente. Cuando trabajamos CON la resistencia, simplemente ponemos luz, la enfocamos e invitamos a nuestro cliente a explorarla con nosotros. Trabajar con la resistencia, es desear conocerla, ser curiosos y respetuosos con las dificultades del paciente. Es entender que las personas no hacen o dejan de hacer algo porque sean idiotas, generalmente tienen poderosas razones para comportarse como lo hacen. Simplemente eso, simplemente poner conciencia en lo que nos cuesta es a menudo un poderoso motivador para el cambio. Desde la perspectiva de la terapia gestalt se llama autorregulación organísmica a lo increíblemente creativas que pueden llegar a ser las personas para encontrar nuevas formas de organizarse y vivir su vida en cuanto se aclaran los obstáculos que les dificultan el camino.

Tan empeñados estamos los terapeutas en cambiar a la gente que a menudo se nos olvida que realmente el cambio, en el sentido de convertirnos en algo distinto de lo que somos, es imposible. Pensemos en el ejemplo clásico de transformación: la oruga que se convierte en mariposa. En la metamorfosis algunas de las estructuras de la oruga cambian su función o crecen de una determinada forma, pero básicamente una mariposa es una oruga tuneada. Sigue siendo la misma criatura y sin embargo es hermosa. Sucede lo mismo con las personas, lo que queremos cambiar no se erradica, se transforma.

Sólo podremos cambiar en nosotros aquello que abrazamos, esa es la paradoja del cambio: sólo es posible a través de la aceptación. Siguiendo a Paul Watzlawick, a menudo la solución (querer cambiar) es la que está originando el problema. Muchas veces la terapia es repetir y poner consciencia en ese ciclo de lucha – esfuerzo – frustración, hasta que simplemente dejamos de luchar y con suerte aprendemos a aceptar (incluso a amar) la oruga que en realidad somos.

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