El humor en psicoterapia

20140218HumorTerapia

 

Mi imperfección es casi la única cosa que puedo afirmar con certeza. Soy un ser falible, todos nosotros lo somos. El problema es que somos seres imperfectos con un tremendo ego.  No nos gusta que nos recuerden lo vulnerables, pequeños y absurdos que somos, pero recordarlo es la única forma de seguir respirando, de otra manera nuestra propia exigencia nos ahogaría. Todos tenemos nuestra imagen del  triunfador en la cabeza: el que tiene una gran autoestima (sea lo que sea eso), es capaz de expresar siempre lo que piensa, mantiene siempre su independencia, no teme enfrentarse a nada ni a nadie, etc. A la hora de la verdad la realidad siempre nos desmiente: muchas veces no expresamos nuestros verdaderos sentimientos, tememos tanto perder el amor de los demás que nos da miedo enfadarnos, exigimos a los otros cosas que no somos capaces de pedir abiertamente,  idealizamos y denostamos a las personas con las que nos relacionamos de la misma forma irracional… Hacemos todo eso quizás porque lo hemos aprendido de nuestros padres, quizás porque no sabemos hacerlo mejor. Pero sobre todo nos comportamos así porque somos humanos  y los seres humanos se equivocan. Hacemos cosas que nos perjudican, y lo peor de todo es que cuando nos damos cuenta de eso no podemos perdonárnoslo, seguimos dándole vueltas una y otra vez a cómo hemos podido ser tan estúpidos.

Por eso creo que el humor puede ser algo maravilloso.  Porque cuando uso bien el sentido del humor en terapia se convierte en un camino para el amor y la compasión por uno mismo.   No obstante, es importante ser cuidadoso, porque también existe un humor mal entendido que nace de la amargura, de la rabia no expresada que puede convertirse en escarnio y humillación para la persona que tenemos delante. Los terapeutas no podemos permitirnos que alguien que viene a nosotros sufriendo sienta que nos estamos riendo de él, porque faltarle al respeto a un paciente es lo peor que podemos hacer.  Por eso no deberíamos usar el humor en terapia hasta que estemos seguros de que el vínculo con la persona es fuerte y limpio, que no hay en nosotros emociones de rabia hacia el paciente y que él vive la relación terapéutica como esencialmente bondadosa.

El humor bien entendido debe nacer siempre de la aceptación incondicional del terapeuta, sólo a través de nuestra aceptación el paciente podrá aprender a aceptarse y a perdonarse a sí mismo. Es una herramienta que permite al paciente poner distancia entre él y ese tirano exigente que lleva dentro, aprender a tomarse un poco menos en serio y verse como ese ser herido y vulnerable, que sí, a veces hace cosas estúpidas pero que le vamos a hacer…

Algunos de los post que publicaré persiguen ese objetivo, ver desde fuera algunas de las cosas absurdas que hacemos cuando nos relacionamos con los demás. No con la pretensión de herir a nadie, sino de poner distancia, y si es posible, reírnos un poco de nosotros mismos.

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