Duelo: respetar el dolor

20140908Luto2

La historia que explico a continuación es la segunda parte del caso de José publicado en el artículo “Duelo: cuando no se supera la pérdida”

José acudió a terapia derivado por su psiquiatra. En la primera sesión José se mostró muy ansioso, hablaba deprisa y mezclaba de forma confusa detalles acerca de la enfermedad y la muerte de su padre con sus sentimientos acerca de la separación.  Explicó de forma entrecortada que su padre sufría un cáncer de colon y como pasó por cinco operaciones antes de morir. Habló acerca de los estragos de la quimioterapia y de lo que él consideraba una negligencia médica después de la última operación que dejó severamente  impedido a su padre.  Mientras habló acerca de su padre, lo hizo deprisa y sin inflexiones en el tono de voz, su rostro se mostraba tenso e inexpresivo.  Su terapeuta lo escuchó en silencio e hizo una sola intervención cuando José paró de hablar:

– Debió ser muy doloroso para ti ver así a tu padre.

– Pasó por todo eso, por las operaciones, por la quimioterapia, luchó muchísimo…

José calló de golpe y su rostro se crispó.

– Luchó muchísimo…

– Para nada.

En ese momento, los ojos de José se humedecieron, la terapeuta notó que hacía un esfuerzo momentáneo para recomponerse

– Él nos crio solo, mi madre murió cuando yo tenía diez años y mi hermana ocho. Cuando estábamos tristes siempre nos decía, ¡la vida es para vivirla, no para lamentarse!

La voz de José se rompió antes de terminar la frase.

– La vida es para vivirla…

– ¡Pero yo no puedo seguir viviendo!

José rompió a llorar violentamente, su terapeuta se acercó y le sostuvo la mano mientras lloraba. Cuando sintió que podía controlar el llanto, José se apartó.

– Es la primera vez que puedo hablar de esto con alguien.

La pérdida de un ser querido es para todas las personas una circunstancia traumática. Muchas veces las personas nos sentimos aturdidas ante la muerte de una persona querida. Esta reacción inicial de aturdimiento e incredulidad es normal y en cierta manera nos sirve para preservarnos del dolor agudo por la pérdida. Poco a poco, las personas en duelo van evolucionando hacia una fase en que la pérdida se va evidenciando cada vez más en su vida cotidiana y con ella el dolor de la ausencia.  La pérdida de un ser querido es algo difícil y doloroso de afrontar. Habitualmente las personas lidiamos con ese dolor evitando o negando en parte la pérdida. Algunos ejemplos de estrategias de evitación son por ejemplo: estar todo el día ocupado, dedicarnos a cuidar el duelo de los demás, realizar conductas compulsivas (comprar, beber, tener relaciones sexuales, etc.), substituir inmediatamente la relación perdida por otra, mantener la habitación del ser querido tal como estaba, buscar un espacio o un objeto que nos permita sentirnos en contacto con la persona que ya no está, centrarnos en emociones como la ira (contra los médicos, etc.), la racionalización de la pérdida, etc. Todas estas son estrategias muy diferentes pero tienen una función adaptativa muy clara: gradúan la intensidad del dolor a un nivel que resulta tolerable por la persona en duelo.

En la mayoría de los duelos poco a poco estas estrategias van desapareciendo y  las personas son progresivamente más capaces de hablar acerca de la relación con el ser querido y son más capaces de conectar plenamente con el dolor por la pérdida.  En terapia este es el momento de explorar los recuerdos centrándonos en las emociones, es el momento de revisar la relación con la persona fallecida, todo lo que nos aportó y todo lo que quedó pendiente. Es el momento de encontrar un sentido no tanto a la pérdida como a la relación que ha desaparecido, integrarla en la historia de nuestra vida para poder empezar a vislumbrar un futuro sin ella.

Un duelo es un proceso natural y esto implica que la distinción entre evitación e integración de emociones nunca es clara, habitualmente alternamos continuamente entre evitar y conectar con el dolor. En el caso del ejemplo, el paciente expresa antes la ira con los médicos que el dolor por su padre, sin embargo es capaz de poner en relación su muerte con la vida que tuvo y la relación que tenía con sus hijos. Por otro lado, un proceso natural requiere más de un acompañamiento que de un acto terapéutico específico, la terapeuta  del ejemplo escucha permanece atenta a las señales no verbales de su cliente y simplemente se limita a facilitar que el cliente construya un discurso propio acerca de la muerte de su padre.

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  1. […] muchas personas dejar ir implica un duelo por un ser querido, para otras implica asumir cambios (una separación, una mudanza, un cambio de trabajo, etc.) o […]

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