Desde la culpa hacia la responsabilidad

Abrazar la culpa

De la misma forma que en el primer artículo hablábamos acerca de que la culpa y la responsabilidad suelen verse de forma errónea como equivalentes, la libertad y la responsabilidad se conciben equivocadamente como contrapuestas y sin embargo son inconcebibles la una sin la otra. Tal como explicábamos en el artículo anterior  hacerse responsable implica hacerse cargo de todo lo que soy: de mis virtudes y mis defectos, de mis deseos y de mis limitaciones. En este ejercicio de responsabilidad es dónde reside la verdadera libertad en la medida en que siendo consciente de mis emociones y mis deseos puedo permitirme elegir libremente sin juzgarme por ello. La responsabilidad se refiere siempre a la conducta y no a la persona (puedo haber hecho algo mal, pero no soy malvado por ser quién soy) Y desde ese lugar, permite un ejercicio “sano” de la culpa en las relaciones donde podemos comprender el daño causado y tratar de repararlo en el presente.

Sin embargo, nos resulta muy difícil responsabilizarnos de nuestras emociones en la medida en que actuamos guiados por introyectos acerca de cómo deberíamos ser. Siguiendo el caso del primer artículo, un ejemplo de introyecto sería: “no puedo ser feliz estando sola”. Por otro lado, a menudo a través de la culpa buscamos un mecanismo de autocastigo que encubre sentimientos de rabia, que en el caso comentado se refieren al enfado no expresado de Isabel por haberse sentido poco valorada por su marido.

En la medida en que somos incapaces de aceptarnos nosotros mismos, construimos relaciones siguiendo este modelo de víctima y victimario. Dónde la víctima incrementa su dignidad por el mero hecho de serlo y donde “todo-lo-malo” (toda la agresividad) queda depositado en el otro. A su vez, la persona que vive enganchada al rol de victimario o culpable aprende a reprimir sus sentimientos más genuinos y a castigarse por ser quién es.

Una parte importante del trabajo que se realiza en psicoterapia consiste en guiar a la persona en el camino desde la culpa hacia la responsabilidad. Termino el artículo con algunos pasos para poder realizar ese mismo proceso en tu vida cotidiana:

  1. Identifica que tipo de culpa estás sintiendo: La culpa “neurótica” te hará sentir malvado o inadecuado como persona. En cambio, una culpa sana o responsable simplemente te hará pensar que cometiste un error que deberías intentar reparar.

  2. Aprende a cuestionar los introyectos que se esconden tras tu sentimiento de culpa (éste artículo puede serte útil)

  3. Trátate a ti mismo con compasión. Próximamente escribiré un artículo al respecto, de momento os dejo un ejemplo de meditación compasiva: Cierra los ojos, concéntrate en la respiración y dedica un momento a simplemente estar concentrado en tu respiración, en los sonidos del entorno y en tus sensaciones corporales. Si pasan pensamientos por tu mente no hagas nada, simplemente date cuenta y déjalos pasar. No intentes modificar lo que piensas o lo que sientes, si ves que te quedas “enganchado” con el curso de tu pensamiento vuelve a concentrarte de nuevo en la respiración. Cuando lleves un tiempo así: evoca mentalmente una imagen del niño que fuiste, míralo como si lo tuvieras sentado ante ti y observa como te sientes. Algunas personas sentirán ternura, otras tristeza, otras rabia. Cualquier sentimiento que aparezca estará bien. Piensa ahora en algo que te haga sentir amoroso: puede ser otra persona, un animal, etc. Déjate sentir esa ternura y esa compasión y desde ese lugar vuelve a mirar al niño que fuiste. Observa que ocurre: ¿Deseas abrazar al niño? ¿Deseas consolarlo de alguna forma? Déjate llevar por el sentimiento. Piensa ahora en las veces en que te has sentido dañado o has podido hacer daño a otros sin desearlo. Simplemente trata de ofrecerte ese mismo consuelo.

  4. Cambia tu lenguaje: Mediante el lenguaje construimos la realidad que nos envuelve, simplemente cambia expresiones cómo “fue mi culpa” por “es mi responsabilidad”. Mira si cambia algo al decirlo de esta manera.

  5. Actúa en presente: No te limites a pedir disculpas, siendo consciente de tus emociones puedes intentar reparar aquello que pueda ser arreglado.

  6. Si con esto no es suficiente y sigues sintiéndote lastrado por la culpa, pide ayuda.

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2 Comentarios en “Desde la culpa hacia la responsabilidad
  1. Es cierto el peor enemigo en nuestra vida somos nosotros mismos. Dia con dia minuto a minuto culpándonos por todo de forma despiadada. Haciendo de nuestro cerebro y nuestras emociones un infierno!!!

  2. lily sepulveda dice:

    hola que buen articulo!!!! uf la culpa a mi entender surge por idealizarnos o esperar otro tipo de respuestas ante las situaciones de la vida , cuando nos exigimos demasiado cerca de la perfección lo crudo es entender cuando esto es sano. ademas me he dado cuenta que la culpa te ata al pasado y que saco si ya no lo puedo cambiar para mi es identificar como lo puedo hacer mejor después¡¡¡!!!!

    saludos

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