La verdadera inteligencia emocional

20140509CuerpoEmocion

La mentalidad occidental es una mentalidad dualista. Separamos la mente del cuerpo de la misma forma que el cristianismo ha separado tradicionalmente la carne del espíritu. Cuando hablamos de mente, hablamos de racionalidad pura, cuando hablamos de cuerpo hablamos de visceralidad, de emociones. Para muchas personas, las emociones son lo opuesto a la razón, un obstáculo que nos impide pensar adecuadamente y tomar las decisiones más adecuadas en nuestra vida. En este artículo trataré de explicar cómo las emociones se encuentran en el sustrato mismo del pensamiento y la toma de decisiones.

Nuestro cerebro y el resto del cuerpo constituyen un sistema indisoluble, interactuando continuamente entre ellos y con el ambiente. En nuestra interacción con el ambiente generamos respuestas externas, es decir conductas, y respuestas internas, es decir imágenes internas visuales, auditivas o somatosensoriales. Las imágenes somatosensoriales son un registro de qué ocurre con nuestro cuerpo en un momento dado. Por ejemplo, estoy en mi oficina y de repente entra la chica que me gusta: se me encoge el estómago y aumenta mi frecuencia cardíaca. A ese conjunto de sensaciones físicas lo llamamos emoción. Cuando mi mente la asocia con otras imágenes internas presentes o pasadas genera un significado, que denominamos sentimiento.

El conglomerado mente-cuerpo tiene una función: garantizar la supervivencia del organismo. Existen una serie de patrones instintivos de respuesta que garantizan que se cumpla esa función. Por ejemplo, en la regulación de una necesidad fisiológica como el hambre: baja el nivel de azúcar en sangre, la bajada del nivel de azúcar es detectada por el hipotálamo, el cerebro altera el estado corporal haciendo que nos sintamos hambrientos. La alteración del estado corporal nos hace más proclives a realizar acciones que recuperen de nuevo el equilibrio del organismo, en este caso comer. Cuando comemos, nuestro hipotálamo detecta la subida de azúcar en sangre y termina la sensación de hambre.

Este tipo de mecanismo instintivo funciona igual ante la presencia de un estímulo amenazante generando respuestas que tienen una relación estrecha con las emociones de ira y miedo. Y de una forma más compleja, la misma dinámica está en el substrato biológico que influye en la creación de vínculos sentimentales y sociales estables.

Nuestra mente toma consciencia de estas imágenes somatosensoriales y es capaz de clasificar los acontecimientos como buenos o malos en función de cómo afectan a nuestras posibilidades de supervivencia, y cuando no lo hacen, con un patrón de respuesta basado en una situación análoga. Por ejemplo, el riesgo de ser despedido de mi trabajo no afecta de forma inmediata a mi supervivencia pero mi mente responde generando un patrón de respuesta somática de miedo igual que si así lo hiciera.

Tomar conciencia de la emoción nos ayuda a tomar decisiones adaptativas. Si aprendo que un depredador es peligroso, y cada vez que veo uno siento miedo, y el miedo es una emoción desagradable, aprenderé a huir a tiempo de los depredadores y aumentarán mis probabilidades de supervivencia. En el mundo contemporáneo, las emociones bien interpretadas nos permiten organizarnos en el trabajo (puesto que nos da miedo ser despedidos) o gestionar nuestras relaciones (poniendo límites a los que nos molestan, apoyándonos en nuestros seres queridos), y en general desenvolvernos en nuestro día a día.

No obstante, este mecanismo de regulación puede fallar de dos formas diferentes:

Por un lado, en muchas ocasiones vivimos desconectados de nuestras emociones. Todos tenemos una vivencia de lo que son las emociones, pero muchas veces no somos capaces de sentirlas, es decir de tener conciencia de ellas. El trabajo con la conciencia corporal y la atención en la vivencia emocional que se lleva a cabo en terapia ayuda a las personas a recuperar esa conexión con las emociones que funciona como una brújula interna para guiarse a lo largo de la vida.

Por otro, en ocasiones las emociones pueden perder su función adaptativa y convertirse en emociones patológicas. En un próximo post hablaré acerca de la distinción entre emociones adaptativas y emociones patológicas y como la terapia ayuda a clarificar y resolver las segundas.

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