Cuando el amor no basta: apego inseguro ambivalente

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Andrés es un chico de 31 años que empieza terapia aconsejado por el servicio de urgencias de un hospital general. Hace una semana después de una fuerte discusión con su pareja bebió y se hizo un corte en una muñeca. Cuando la terapeuta le pregunta al respecto, dice que en el momento se sentía agobiado y que deseaba terminar con todo pero que en seguida que vio la sangre se arrepintió y decidió acudir a urgencias. No es la primera vez que sucede algo parecido, hace tres años visitó el mismo servicio de urgencias al tomar demasiada medicación ansiolítica cuando su pareja intentó terminar la relación con él. En todos los casos parece que lo que Andrés estaba más motivado por el deseo de deshacerse de la angustia que por una voluntad clara y planificada de terminar con su vida.

La relación con su pareja había sido tormentosa casi desde el principio. Andrés afirma estar muy enamorado de su compañero y haber sido muy feliz los primeros meses pero que desde hace ya bastante tiempo siente que cada vez discuten más a menudo. La mayoría de las veces discuten porqué Andrés se siente amenazado cuando su pareja le plantea hacer actividades fuera de la relación: quedar con otros amigos o dedicar tiempo a sus aficiones. Andrés siente que no pasa suficiente tiempo con él y que no lo tiene en cuenta. Cree que la actitud de su pareja es una forma de menospreciarlo. En relaciones anteriores Andrés repitió la misma dinámica, incluso en una ocasión llegó a zarandear a un exnovio en una discusión.

Llora profusamente durante la entrevista, siente que tiene un problema pero le cuesta expresar cuál es. En ocasiones expresa rabia y tristeza diciendo que nunca se ha sentido realmente querido, afirma que su problema es que es demasiado apasionado y que a veces siente que no se puede controlar cuando se siente decepcionado en sus relaciones.

Hablando acerca de su historia familiar Andrés explica que su madre se quedó embarazada cuando estaba en el instituto y finalmente decidió no abortar presionada por las fuertes convicciones religiosas de la abuela. El padre de Andrés nunca quiso saber nada de él. Andrés se sentía muy distante con sus abuelos pero muy vinculado a su madre a pesar de que discutían a menudo desde que él era pequeño: “A veces jugaba conmigo como si ella también fuera una niña (…) o se enfadaba conmigo y me decía cosas como “¡qué niño tan tonto!”, una vez me castigó y me dejó una hora encerrado en el cuarto de baño…” Dice que de pequeño era un niño con mucho carácter, con muchas pataletas y que casi siempre conseguía lo que quería. Tuvo una adolescencia difícil, dejó los estudios durante unos años y tuvo algunos escarceos con las drogas. A pesar de todo eso consiguió completar un ciclo formativo y actualmente trabaja como diseñador gráfico freelance. Su trabajo le gusta pero le cuesta mantener los compromisos con los clientes cuando está pasando por una mala época.

Andrés es un ejemplo de paciente con un estilo de apego inseguro-ambivalente. Habitualmente, este tipo de personas se muestra muy preocupados por mantener la relación con los demás. Tienen mucha necesidad de afecto y mantienen relaciones muy intensas con las personas de su entorno. Hasta el punto de mostrarse extremadamente dependientes y sensibles a su aprobación. Les cuesta mucho sentirse completamente seguros en las relaciones y tienen tendencia a centrarse en el malestar que eso les provoca. Tienen dificultades para sostener ese malestar y a menudo buscan conductas que les permitan aliviarse de manera inmediata (autolesionarse, medicarse, consumir alcohol o drogas, etc.)

Cómo en el caso de Andrés, la mayoría de personas con este estilo relacional han tenido en su infancia cuidadores inconsistentes que a veces se han mostrado cariñosos y próximos al niño y otras veces se han mostrado distantes o despreciativos con él. Así, el niño crece sintiéndose inseguro y sin sentir que puede predecir o controlar la respuesta de las personas que lo cuidan a sus necesidades.

El trabajo terapéutico al respecto implica desarrollar la tolerancia a la frustración y al malestar   y enseñar habilidades que permitan a las personas autocalmarse y regular las propias emociones.

 

  • Relajación y consciencia de la respiración
  • Desarrollo de la consciencia plena del cuerpo como base segura en el momento de sentirse sobrepasado por las emociones.
  • Trabajo con el propio límite en la relación con el otro. Consciencia de la sensación corporal relacionada con la necesidad de establecer un límite y desarrollo de la asertividad.
  • Práctica del movimiento dirigido a una finalidad: habitualmente las personas con este estilo de apego tienden a comportarse de una forma frenética. El objetivo es aprender a discernir la necesidad emocional subyacente y a dirigir la conducta para satisfacer sus necesidades de una forma adecuada en la relación.
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Un comentario en “Cuando el amor no basta: apego inseguro ambivalente
  1. Tere Villarreal D dice:

    Gracias por compartir esta información, que hoy en día,viven los j óvenes el apego en una relación de pareja, totalmente de acuerdo es el comportamiento que se presenta ante una infancia inestable….soy Psicóloga clínica.

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