¿Para qué sirven los grupos de crecimiento personal?

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Existen muchos prejuicios entorno a los grupos de crecimiento personal, algunas personas creen que es una forma menor de psicoterapia y otras personas asocian los grupos al sentimiento de vergüenza que tendrían si de repente se vieran obligados a hablar de sus problemas delante de desconocidos.

Sin embargo, un grupo es una herramienta terapéutica muy potente. Las personas en un grupo pueden tener una experiencia vívida y presente de sus dificultades. Si lo desean, pueden compartirlas con los compañeros en un clima de respeto y pueden experimentar en el grupo la posibilidad de un cambio. El objetivo de este post es explicar cómo los grupos de crecimiento personal ayudan a las personas:

  1. Infunden esperanza

Generalmente las personas que acuden a terapia lo hacen en un estado cercano a la desesperanza. Acuden a terapia como la última de las opciones tras una larga serie de soluciones intentadas. En un grupo de terapia habitualmente se encuentran pacientes en fases distintas de su proceso de crecimiento. Resulta mucho más fácil creer en la posibilidad de un cambio cuando éste no es una hipótesis lejana, sino que el cambio se vuelve algo real y tangible cuando lo vemos encarnado en la persona que tenemos en frente.

  1. Permiten que las personas se sientan acompañadas

A la vez que desesperanzadas, muchas personas que acuden a terapia lo hacen también sintiéndose muy solas. Los grupos de terapia ofrecen un gran alivio haciendo que las personas se den cuenta de que no se encuentran solos con sus problemas. El grupo ofrece a sus integrantes la posibilidad de verse a sí mismos de forma más compasiva. Ya no se trata de un sufrimiento individual generador de culpa y sentimientos de fracaso, sino de un sentimiento colectivo inherente a nuestra condición de seres humanos.

  1. Ayudan a explicar y poner nombre a lo que nos sucede

Muchos grupos de terapia tienen un componente de psicoeducación, es decir una parte de la función del grupo es ayudar a que las personas puedan explicarse a sí mismas cómo se sienten, de qué forma contribuyen a alimentar su malestar. Algunos grupos (por ejemplo los grupos de manejo de ansiedad) enseñan también qué estrategias pueden permitirles encontrar alivio.

  1. Permiten experimentar y poner conciencia en nuestra forma de estar en el mundo

Por la educación recibida en la infancia o por cualquier otro factor, muchas personas están atrapadas en roles o formas rígidas de comportarse (ir de víctima o de salvador, competir con los demás, rebelarse contra la autoridad etc.) Estos roles fijos en la medida en que no son conscientes y no pueden adaptarse al contexto en muchas ocasiones nos hacen la vida más complicada y dolorosa. Un grupo es un escenario privilegiado para darte cuenta de cómo vas por el mundo, y cómo eso te hace sentir.

  1. Favorecen la expresión de emociones que en otros contextos están sancionadas

Emociones como el dolor o la rabia pueden resultar amenazadoras para las personas cuando se expresan en un contexto cotidiano: las personas pueden temer ser incomprendidas, molestar a los demás o ser juzgadas. En cambio, la interacción en un contexto grupal favorece la expresión de emociones para las que no encontramos espacio en nuestra vida diaria.

  1. Promueven una forma de relación más auténtica que permite comprender como influye nuestro comportamiento en nuestro entorno más cercano

En un grupo de terapia se favorece una forma más auténtica de relación en que cada participante se convierte en un espejo para los demás. El trabajo en el grupo permite expresar las emociones de los participantes y desvelar de forma sincera cómo se sienten con ellos mismos y en la relación con los compañeros. De esta forma, el grupo se convierte en una fuente continua de información a través de la retroalimentación entre compañeros.

  1. Mejoran la autoestima de los participantes

La terapia individual es un diálogo en que habitualmente un terapeuta juega un rol de experto frente a su paciente. En cambio, en los procesos de terapia de grupo el terapeuta propone dinámica o temas, supervisa y señala lo más relevante. Sin embargo, son las interacciones de los miembros del grupo las que construyen la terapia. El grupo favorece que los participantes se sientan valorados y reconocidos jugando un papel activo en el propio proceso cambio y en el de los compañeros.

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