Maternidad desmitificada

20140601MaternidadDesmitificada

María y su pareja estuvieron intentando tener un bebé durante un año y medio. Durante este tiempo pasaron por un aborto natural y por el temor de no poder concebir. Durante las últimas semanas de embarazo, prepararon con mucho cuidado su plan de parto y María no podía dejar de imaginar lo feliz que se sentiría en el momento en que por fin viera la cara de su niño. Al llegar el momento, el parto de Maria se alargó más de dieciocho horas y su vivencia fue muy diferente de como lo había imaginado. Ahora cuando lo recuerda sólo es capaz de evocar el dolor y un agotamiento como no había sentido nunca. Cuando le pusieron a su niño encima, María simplemente se sentía aletargada por el cansancio.

Los primeros días, tanto en el hospital como en casa fueron difíciles. María se sentía muy insegura y torpe. Sobretodo sentía que debería saber responder a algo para lo que nadie la había preparado. A veces parecía que era la única que no sabía qué hacer porque todo el mundo parecía tener respuestas: las enfermeras del hospital, su madre, su hermana, su suegra, incluso su padre. Todos le daban consejos acerca de cómo debía ponerse al niño al pecho o qué debía hacer si lloraba. A pesar de tener tanta gente a su alrededor, en ocasiones se sentía sola. Mientras María daba el pecho a veces su marido aprovechaba para hacer otras cosas por la casa. María pensaba que él sentía que estaba fuera de lugar y no sabía como decirle que algunas veces necesitaba que se quedase con ella, aunque sólo fuera para acompañarla.

Su marido volvió a trabajar y ella se quedó sola con el niño y con su madre que venía a ayudarla algunas mañanas. Poco a poco María fue ganando confianza y cada vez era más frecuentes los momentos de alegría que tanto se había imaginado. Sin embargo, no podía evitar pensar que una parte de ella se había perdido. Se sentía feliz cuidando de su bebé pero a veces también se sentía asfixiada estando siempre en casa. El trabajo siempre había sido muy importante para ella y a veces sentía que le apetecía retomar su carrera profesional.

Desde la infancia a las mujeres se nos prepara culturalmente para ser madres. Llevamos preparándonos para esto desde que éramos niñas y jugábamos con muñecas. Imaginábamos que cuando fuésemos madres nos sentiríamos felices y realizadas para siempre. La idea de la maternidad presente en el imaginario colectivo está idealizada y condiciona la mirada que las madres tenemos sobre nuestra experiencia y nuestros sentimientos.

Es necesario desmitificar la idea que tenemos de la maternidad por varios motivos:

  • Es una imagen unívoca, no refleja la experiencia particular de cada mujer.

  • Es el producto de un modelo de sociedad que se está extinguiendo: en una sociedad patriarcal la maternidad está mitificada como la culminación de las aspiraciones de toda mujer. Actualmente esto no tiene por qué ser así, y mucho menos darse por sentado.

  • Es el producto de una imagen deformada de nuestra propia infancia: nos cuesta ver a nuestras propias madres como mujeres que igual que nosotras estaban llenas de dudas e incertidumbre.

  • Finalmente, la mitificación de la maternidad termina siendo una fuente de dolor emocional parate sentimientos de plenitud y realización no llegan, a menudo aparece la frustración y con ella la culpa que está asociada con muchas depresiones post parto.

Éste es el primero de una serie de artículos que intentará ser un reflejo de los sentimientos que están poco representados en ese imaginario colectivo y sin embargo sí están presentes en el día a día de muchas madres.

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2 Comentarios en “Maternidad desmitificada
  1. Erika dice:

    Muy acertado el articulo, tengo un mes y medio aproximado de haber dado a luz; mi primer hijo, tengo 36 años y prácticamente durante los últimos 15 años de mi vida me dedique por completo a mi persona y al trabajo, aun a pesar de que anhelaba ser madre, todo se me ha complicado desde el momento en que me entere que estaba esperando, sentía emoción, alegría, etc, sin embargo las sensaciones de incomodidad a veces eran mas fuertes, me sentía ¨mala¨ por tener pensamientos que muchos catalogaban como superficiales, busque información sobre síntomas de embarazo y todos (o por lo menos los que yo leí)hablaban de cosas maravillosa, de la etapa más feliz de la mujer, por supuesto mi culpa crecía aun más, me preguntaba; por qué nadie menciona lo malo del embarazo?.

    Eso no termino ahí, los últimos dos meses estuve rodeada de familiares; mamá, abuelita, tías, primas, etc. hacían comentarios que me hacían sentir mal,¿ tienes 7 meses de embarazo? tu pancita esta muy chiquita, ¿a poco estas comiendo eso? ¿estas mucho tiempo sentada, deveriaas de caminar?¿ tu bebe viene sentado? ya ves te dije que estabas mucho tiempo sentada…. fueron horribles esos momentos, me sentía ahogarme, me sentía perdida.. acostumbrada ¨a tener el control de mi persona de mi trabajo¨y ahora aparecía algo nuevo en mi vida y no sabía como manejar la situación :(, cuando nació mi bebe, los comentarios no cesaron, a pesar de la buena intención de la familia todo eso me hacía sentir incomoda,mala madre, perdida por no saber cuidar a un bebe en fin…

    Mi vida dió un giro de 180 grados otros 180 cuando regrese al trabajo y mis condiciones laborales cambiaron, ahorita estoy en el proceso de asimilar todo, tratando de entender que fue lo que paso, etc

    • psicoterapiacotidiana dice:

      ¡Muchas gracias por el comentario y por tu testimonio! Yo misma soy madre de dos bebés de 9 meses y en parte este artículo nace de la necesidad de revisar mi experiencia y darle voz desde una perspectiva profesional para que pueda ayudar a otras madres.

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